Proyecto Educativo 

Nuestro estilo educativo

El derecho a la educación y la libertad de enseñanza quedan regulados en la Constitución española de 1978. Ellos nacen del reconocimiento de unos principios básicos que repercuten de manera directa y de forma gradual a los padres o tutores, a los profesores, a las personas y los grupos sociales y, finalmente, a los poderes políticos. La cohesión de dichos principios concluye en la Escuela como una de las respuestas institucionales más importantes al derecho de toda persona a la educación, y actúa como pilar fundamental de la estructuración y de la vida en sociedad.

El derecho a la educación comporta el derecho a acceder a una plaza escolar digna en una escuela que permita el pleno desarrollo de la personalidad de todos y cada uno de sus alumnos, su inserción crítica en el entorno social y su preparación para la vida profesional.

La razón de ser escuela se concibe como la institución social que de manera directa complementa la acción educativa de la familia. Para ello, la escuela debe alcanzar objetivos fundamentales que permita la formación integral del alumno en colaboración con los padres, en capacitarlo para la lectura y la interpretación de la realidad con actitud crítica y creativa, que permita su acción personal y solidaria en la transformación de la sociedad y, finalmente, potenciarles el sentido de responsabilidad y ayudarles a tomar decisiones personales coherentes.

Todos los Centros Educativos de las Misioneras Concepcionistas siguen el ideal de educación puesto en marcha por la Madre Alfonsa Cavín consistente en regenerar la sociedad, y para ello generando un clima de familia que poco a poco se ha ido adaptando a los nuevos tiempos.

Este aire de familia se logra, gracias a la pedagogía personalizada y personalizadora, que consiste en llevar una visión positiva y optimista de la vida bajo el prisma de los valores evangélicos, y finalmente, lograr una actitud crítica y de análisis estimulando, respetando y promoviendo una educación que surja de la vida y prepare para ella. Aquí emana la plasmación de Madre Alfonsa: se trata de dar una educación más sólida que brillante (SF12).

Nuestra filosofía adopta algunas dimensiones específicas. Misioneras: es el rasgo fuerte de la Congregación, nosotros contemplamos la exigencia de acompañar a los jóvenes hasta la madurez de su compromiso cristiano o hasta su entrega total al servicio de los demás. Mariana: la Inmaculada, nuestra celestial Patrona, se proyecta como modelo de identificación para el logro de la integración personal a todos los niveles; el establecimiento de relaciones amistosas y armoniosas.

En definitiva, creamos clima de familia, porque vivimos en nuestros Centros un ambiente de acogida, respeto, amistad, sencillez y actitud de servicio.


Aspectos básicos de nuestra acción educativa

Ofrecemos una educación integradora de la personalidad, con esta intención en nuestras escuelas: ayudamos a los alumnos a descubrir y potenciar sus posibilidades físicas, intelectuales y afectivas, y a aceptar las propias cualidades y limitaciones. Propiciamos el crecimiento en la dimensión social del alumno como un aspecto básico de su crecimiento integral, ayudándole a insertarse en la comunidad a través de la vida y la experiencia del grupo. Abrimos nuestra acción educativa a la búsqueda del sentido de la existencia humana y presentamos el mensaje de Cristo sobre el hombre en todas sus facetas.

En nuestra acción educativa propiciamos la construcción del yo y la estimulación de la sensibilidad hacia el medio natural y la relación con el medio sociocultural en un afán de transformación de la sociedad. En definitiva, trabajamos en conseguir la integración del alumno con el entorno.

Nuestro compromiso educacional consiste en trabajar para conseguir una educación social y comprometida en la construcción del mundo, donde el hombre debe actuar como un ser abierto a los demás. Estos objetivos los alcanzamos promoviendo su preparación humana y profesional, para que puedan aportar los frutos de su propio trabajo y adopten una actitud decidida y valiente en la sociedad. Y además, colaboren activamente en el necesario cambio social en orden a conseguir una más justa distribución de los bienes en el mundo, superando la actual marginación de pueblos y grupos sociales, y trabajando por el respeto y la promoción de los derechos fundamentales del hombre.

Ofrecemos una educación ética y abierta a lo trascendente. Nosotros partimos del hecho de que el hombre es un ser abierto a un ámbito que le trasciende, y que la consideración de este hecho le ayuda a descubrir el destino propio y el de la humanidad.

Procuramos que nuestros alumnos se planteen el interrogante esencial de la propia vida, que acompaña a todo hombre y le ayuda a afrontar el misterio de su existencia.

Mostramos que la dimensión trascendente del hombre abre horizontes nuevos a la vivencia y a la interpretación de la realidad personal, humana y del mundo.

Ayudamos a descubrir que la apertura a la trascendencia es el fundamento de nuestra esperanza. Todo esto se podrá poner en prácticas a través del conocimiento y de la vivencia del mensaje de Cristo.

Como Centro Educativo de carácter católico, la religión cristiana actúa como elemento fundamental en la formación humana. El respeto a la persona nos mueve a promover la formación de un alumnado consciente, libre y responsable, a través de un planteamiento fundamentado y crítico del tema religioso. Pretendemos que los jóvenes no creyentes puedan confrontar su situación de incredulidad con las perspectivas de la fe; los que están en situación de búsqueda puedan reflexionar y clasificar sus dudas y los creyentes puedan integrar la propia opción religiosa en la cultura y capacitarse así para dar razón de su fe.

Lo que define y especifica el tipo de educación que queremos ofrecer a la sociedad es la referencia a una concepción cristiana del hombre, de la vida y del mundo, junto con la propuesta de una síntesis entre fe, cultura y vida. Pero no queremos contentarnos con presentar una serie de valores de carácter cristiano como simples objetos de estima, sino como generadores de actitudes humanas como: la libertad respetuosa y la responsabilidad consciente, la sincera y permanente búsqueda de la verdad y la crítica equilibrada y serena; la solidaridad y el espíritu de servicio para con los demás, y la sensibilidad por la justicia y la especial conciencia de ser llamados a actuar como revulsivo en una sociedad injusta y alejada de las exigencias del Reino.

Como consecuencia, podemos subrayar con más facilidad la parte positiva de unos comportamientos coherentes con estas actitudes. Todos ellos desembocarán en la síntesis personal entre la fe y la vida de los creyentes.

Nuestra propuesta educativa pone el acento a los valores evangélicos como una actitud de acogida entre educadores, alumnos y familias, evitando cualquier discriminación por motivos intelectuales, religiosos, económicos, sociales, etc.

Prestamos una atención preferente para todos aquellos alumnos, familias y sectores sociales que son objeto de cualquier tipo de marginación.

Mostramos una vocación educadora y de amor al trabajo con todo lo que supone de entrega personal y de servicio a los demás.

Promovemos los valores más urgentes en nuestra sociedad como la libertad, la justicia, la solidaridad y la paz como valores que enriquecen la acción educativa, y porque su promoción y su cultivo son urgentes en nuestra sociedad.

Educamos en la libertad y para la libertad, porque la formación de personas libres es uno de los objetivos esenciales de toda educación.
Educamos para la libertad de la siguiente manera: Los educadores de nuestra Escuela actúan como seres libres y respetuosos de la libertad de los demás, de modo que su comportamiento es un estímulo. Se estimula a que los alumnos piensen por sí mismos, y han de acostumbrarse a actuar por convicción propia. Todos debemos crear un clima de diálogo que favorezca la convivencia y la libre expresión sin ningún tipo de perjuicios ni recelos. Esta acción educadora debe lograr que los alumnos adquieran de forma gradual un concepto claro y auténtico de libertad, y colaboren en la creación de un ambiente que eduque en libertad. De esta manera la estructura participativa debe proporcionar el ejercicio de responsabilidad según los niveles y edades, preparando al alumnado para la aceptación y la práctica de responsabilidades sociales.

Educamos para la Justicia, luchando por lograr una política educativa que garantice una real igualdad de oportunidades para el acceso a la educación y los medios adecuados para los alumnos que necesiten una educación especial. Para lograr estos objetivos hacemos normal y fácil la integración en el mundo escolar de los alumnos que tienen menos posibilidades. Valoramos equitativamente el trabajo de los alumnos de acuerdo con sus posibilidades y con su esfuerzo personal. Educamos para la solidaridad, estimulando la sensibilidad por compartir con los demás tanto las preocupaciones como las iniciativas y proyectos que pueden repercutir en bien de la comunidad. Fomentamos la solidaridad con los más pobres y marginados y haciendo que los alumnos comprendan que la solidaridad auténtica debe traducirse en la aportación del propio trabajo con generosidad y espíritu de servicio, abiertos a la colaboración con todos los que luchan por construir una sociedad más humana. Este compromiso por la justicia y la solidaridad nos exige abrir caminos de fraternidad que vayan más allá de cuánto exigen el respeto y la igualdad entre los hombres.

Educamos para la convivencia y la paz mediante una actitud de diálogo y de cooperación entendidos como una exigencia de nuestro cristianismo y un reto planteado a la educación.

Cultivamos el ámbito cognoscitivo y fomentamos el desarrollo intelectual. Buena parte del trabajo que realizamos en la Escuela se dirige al enriquecimiento del ámbito cognoscitivo del alumno como una forma más de perfeccionamiento de su personalidad total. Al despertar los alumnos la inquietud por la búsqueda de la verdad, les facilitamos el acceso al saber y favorecemos la interpretación y valoración de la realidad, la inserción crítica en el contexto sociocultural y el ingreso en el mundo del trabajo. Con este criterio, damos la debida importancia al trabajo intelectual para que cada alumno llegue al máximo de sus posibilidades.

La programación y la realización de la acción docente de los profesores, y el trabajo de aprendizaje de los alumnos, ocupan un lugar decisivo en la acción educativa global, ya que la escuela educa sobre todo a través de la adquisición y asimilación crítica de la cultura.

Presentamos una respuesta al reto de la sociedad, gracias a la disposición de los avances tecnológicos al servicio de la educación, y para ello realizamos acciones concretas: favorecemos la utilización del material didáctico como complemento y ayuda en la acción docente. Ayudamos a los alumnos a juzgar y seleccionar la información que nos ofrecen los medios de comunicación social a través de la palabra y de la imagen. Capacitamos a los alumnos para la comprensión y el uso de las nuevas formas de comunicación. Fomentamos el uso de estos medios como canales de expresión y potenciamos la relación y el intercambio de experiencias con las otras escuelas.

Nosotros optamos por la exigencia de la educación integral, por lo cual proyectamos la educación más allá del aula y del horario lectivo. Intentamos que nuestra Escuela sea un centro de promoción cultural y social del entorno, y procuramos fomentar la educación en el tiempo libre, promovemos la formación de grupos formativos y asociaciones, ofrecemos respuestas a las inquietudes sociales, religiosas y pastorales de los profesores, familias y alumnos creyentes y colaboramos en las actividades que promueven otras instituciones educativas de la zona y que pueden complementar la acción formativa escolar.

Para conseguir estas actividades, nuestra Escuela cuenta con el apoyo y el compromiso de toda la Comunidad Educativa.

Como punto final del presente apartado, diremos que contamos con un diseño de autoevaluación, donde todos los aspectos y dimensiones de la Escuela y del proceso educativo son evaluados en algún momento: el plan de estudio, el trabajo docente, el programa educativo, la organización escolar, los aspectos cognoscitivos, afectivos, sociales del alumnado entre otros.

De esta forma, la aplicación del diseño de autoevaluación es un estímulo y una orientación constante en la mejora de la acción educativa.


Nuestra Comunidad Educativa

Nuestra Escuela es una Comunidad Educativa Evangelizadora, mostrando una realidad dinámica, por la cual luchamos y en donde participan los agentes de la Comunidad Educativa.

La Institución Titular de la Escuela, la Congregación Misionera de la Inmaculada Concepción es responsable de expresar y dar continuidad a los principios que definen el tipo de educación que entre todos ofrecemos y a los criterios de actuación que garanticen la fidelidad de la acción educativa a estos principios.

El conjunto de estos principios y criterios de actuación constituye el carácter propio del Centro, que inspira y da coherencia al Proyecto Educativo y al Reglamento de Régimen Interior.

Esta labor se pone en práctica por la Institución Titular, gracias al patrimonio pedagógico heredado de la Madre Alfonsa Cavin, y el servicio específico de la Institución a través de sus representantes y el apoyo que ofrece a los profesores, padres, personal de Administración y Servicio, hace que todos consideremos a la Escuela como algo propio, obra de todos y responsabilidad de todos.

Nuestra acción educativa parte de un principio básico: el alumno es el sujeto de la formación. En cada una de las etapas el alumno interviene de acuerdo con las exigencias propias de la edad, y asume responsabilidades proporcionadas a su capacidad. Persuadidos de que no pueden hacerlo solos, intentamos ofrecerles un acompañamiento respetuoso y dinámico que les ayude a crecer en todas sus posibilidades. El trabajo de los profesores tiene lugar en el servicio de la Comunidad Educativa, y ellos desempeñan un papel fundamental en esta Comunidad. Los profesores son educadores, establecen una relación franca y de colaboración con los compañeros, juegan un papel decisivo en la vida de la Escuela debido a su implicación y colaboran activamente en la preparación, realización y evaluación del Proyecto Educativo.

El profesorado interviene activamente en la gestión del Centro a través de su participación en los órganos de gobierno unipersonal y colegiado. Dan a su formación el sentido y la coherencia que exigen el carácter propio del Centro y el tipo de educación que ofrece de acuerdo con la Institución Titular y los padres de alumnos.

Nuestra Escuela da prioridad a la formación permanente de los profesores como personas y como profesionales de la educación, y colaboran para que tengan el nivel económico que merecen y la estabilidad y seguridad en su trabajo.

Nuestra Escuela es un complemento de la educación familiar, porque los padres y madres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. El AMPA es el canal normal de participación de padres de alumnos en nuestra Escuela. También ofrecemos la Escuela de Padres, donde se fomenta la formación permanente de los padres de alumnos como educadores de los propios hijos.

El PAS favorece la acción educativa, gracias a que constituyen funciones diversas y necesarias para el desarrollo de nuestra Escuela. Por tanto, se consideran como un estamento de la Comunidad Educativa, aportando unos valores que favorecen la calidad educativa mediante el testimonio del trabajo constante y bien hecho; el espíritu de servicio; el sentido de acogida y de relación cordial; la fidelidad y la discreción, la sensibilidad estética. Aquí, nunca mejor dicho: La Escuela es obra de todos.

Finalmente, la relación entre familia y Centro favorece la Comunidad Educativa, por eso, nuestra acción educativa escolar requiere una intensa relación entre padres y educadores. Por nuestra Escuela queremos potenciar esta relación del diálogo entre padres-educadores a través de tutorías personalizadas.

En definitiva, se ha de fundamentar en una relación constante entre padres, tutores, profesores y dirección de la Escuela. Esto tiene sus frutos en la consecución de un buen nivel de calidad en la formación integral de los alumnos.


Objetivos del Proyecto Educativo  

Educar en los valores humano-cristianos de libertad, justicia y solidaridad para alcanzar el desarrollo integral.

Fomentar las relaciones personales entre alumnos/as, profesores/as, padres y monitores creando un clima de respeto, trabajo, autoexigencia y creatividad.

Conocer y valorar los hábitos de vida saludable en relación con la prevención de enfermedades transmisibles, la prevención de accidentes y las drogodependencias.


Actividades 

Programación trimestral de valores, haciendo alusión a los mismos en los paneles del Centro.

Trabajo sobre los valores a nivel de clase y de tutoría (individual, grupal, con padres).

Realización de campañas a lo largo del curso para alcanzar estos valores.

Evaluación de los valores al final de cada trimestre, mediante cuestionarios elaborados por el equipo de Pastoral.

Se llevarán a cabo convivencias de alumnos, profesores y padres.

Animar a la participación en las actividades extraescolares y lúdicas propuestas por el Centro.

Participar en los programas de prevención y vacunación que promueve la Junta de Andalucía.

Respetar las instrucciones de uso y normas de seguridad en la utilización de aparatos eléctricos y en el uso de productos químicos en el hogar y en el laboratorio.

Integrar la educación sobre drogas en el curriculum, dándole un enfoque coherente para poder llevar a cabo una intervención educativa eficaz.